El espejo
reflejaba el año de 1987, y en él un joven da los últimos toques a su atuendo,
se le nota casi desesperado por salir y zambullirse en la profundidad de la
noche.
Sin embargo
se da tiempo de vaciarse media cerveza en la cabeza y sonreírle a su reflejo.
No sabemos
en qué ciudad está, pero eso no es importante, los callejones oscuros y los
negocios iluminados con luces neón nos revelan que puede ser cualquier ciudad
grande a finales de los 80s.
Nuestro
héroe camina por el centro de aquella ciudad con paso despreocupado. Las
entradas de las discos son lugares muy animados y llenos de una extraña vida,
todos los que entran y salen parecen hipnotizados por esas luces neón que se
reflejan en sus ojos y sus caras. Caras marcadas con los gestos y expresiones
que tenía aquella generación… aquella de las ultimas, las que no eran como
somos nosotros.
Nuestro
joven sigue avanzando, terca y decididamente, pareciera un conquistador español
caminando por la jungla, Lope de Aguirre buscando su El Dorado.
Apestando a
cerveza y las cadenas tintineando.

No hay comentarios:
Publicar un comentario