viernes, 30 de octubre de 2009

No fumar, no beber y no decir malas palabras

Prometo portarme bien.
Prometo dejar los vicios, para que así tu alma obtenga alguna tranquilidad.

Los cambios pueden ser para bien o para mal. Si estoy muy gordo y mi salud decae, podría proponerme hacer una dieta para bajar de peso.
Llevando a efecto ésta decisión estaría realizando un cambio para bien.
Pero, por otro lado, podría encontrarme tan deprimido que decido usar drogas para escapar del tedio, con el tiempo llega la adicción, y, ese habría sido un cambio para mal.
Todo depende del punto de vista.

No todos estan hechos para llevar una vida hedonista. El "fin supremo" no se encuentra ni en el placer. Hay ocasiones en las que despues de comer como un cerdo, me recargo en la silla y me sobo la panza, mientras machaco con mis dientes un palillo de madera, de pronto siento justo en la division del estomago y el esofago una intensa nausea que irremediablemente termina en un asqueroso vomito.
Pero no es un vomito fisico, pues nada visible sale por mi boca. Es un vomito "espiritual" por llamarlo de algún modo. Como si mi persona (aquella que se encuentra aletargada en el fondo de mi existencia, no la que se levanta por las mañanas todos los días) rechazara rotundamente la podredumbre de mi decadente estilo de vida.
Vanidad no deja de ser el vomitivo rechazo de mi persona, pues el fin del hombre fisico tiende a ser la muerte, y considerando esto como un hecho ejercer un comportamiento autodestructivo no sería, en escencia, alejarse mucho de la linea que nos mantiene vivos. Diré que, actuemos ya sea cuidando la vida o buscando perderla, no podremos controlar nada.
Pero no, no me estoy explicando.

viernes, 16 de octubre de 2009

La taberna va al infierno

Al abrir la puerta me golpearon los vapores del alcohol, tan fuertemente concentrados que casi me sentí embriagado.
Aunque creo que influyó mucho la escena para causarme la extraña sensación de mareo y alucinación.
Las sillas y las mesas estaban cubiertas de algo rojo. Algunos tarros quebrados en el suelo dejaron escapar la cerveza que se mezclaba con la mugre y manchas de sangre salpicada.
La barra estaba completamente pintada de rojo.
Algo en esa espantosa escena me llevaba a imaginar que hacía tan solo instantes lo terrible había sucedido. Pero ya no había nadie, ni un solo cadaver. No se escuchaba ruido alguno, salvo el de las gotas de cerveza y sangre cayendo al piso.
Dí un paso y ya me encontraba dentro. El rechinido de la puerta al cerrarse me hizo voltear pensando que alguien más se había metido. Busqué la mesa menos sucia y me senté.

jueves, 8 de octubre de 2009

Átomos

La luna congelada se reflejaba en las aguas de una playa negra. Hacía un frío que partía la carne.
Arropado en su tosca gabardina, la cuál le cubria la mitad de la cara, el hombre caminaba de prisa. Sus pasos resonaban fuertes sobre los tablones del muelle.
Las gotas de brisa le golpeaban las endurecidas mejillas, inyectandole pequeñas dosis de dolor rojo.
Su mirada grisacea se posaba en la madera que pisaba sin prestarle atención.
Quería echarse a correr para llegar pronto a la habitación y bañarse con agua caliente, pero temía levantar sospechas.
Llevaba las manos escondidas en las bolsas de la gabardina, los brazos tensos por el frío. Solo sus piernas estaban vivas, eran una maquina sincronizada que no se detendría hasta completar su objetivo programado, llegar a un lugar calido.
Sin reducir el paso volteó hacía atrás. Al ver el agua negra se imagino a algún monstruo acechando. Viendolo desde abajo de la superficie, nadando lentamente y en silencio.
Se sacudió la visión y apresuró el paso.

sábado, 3 de octubre de 2009

Focos rojos

Siempre comienza con suavidad. Todo es de lo más sencillo. De hecho, al principio siempre estoy distraído, y solo sigo la corriente. No me mortifico por buscar algo, al contrario, soy buscado.
Pero luego, cuando empiezo a mostrar interés, es cuando sucede...
Gradualmente las cosas van cambiando.
A la primera señal de los focos rojos detendré mi paso y cambiaré de rumbo, sea como sea.

viernes, 2 de octubre de 2009

Super hombre

Hoy se siente mejor que ayer, pero... ¿hasta cuando?
Ayer estaba tan lleno de estrés que no me extraña el haber reventado.
Amanecí más tranquilo y con ganas de trabajar. De distraerme. Hasta de reirme.
Pero me acuerdo de anoche... del desmoronamiento, y me averguenzo. Tengo una fantasia recurrente, imagino que soy un superman, el hombre perfecto, me pierdo, como un niño entre ensueños. Y entonces, cuando vienen estas caídas, estándo aún en el sueño, comienzo a reconocer mi cuerpo tatuado de errores y mis ojos quedan como platos. Mi consciencia lo reconoce todo de inmediato. Se despierta.