Prometo portarme bien.
Prometo dejar los vicios, para que así tu alma obtenga alguna tranquilidad.
Los cambios pueden ser para bien o para mal. Si estoy muy gordo y mi salud decae, podría proponerme hacer una dieta para bajar de peso.
Llevando a efecto ésta decisión estaría realizando un cambio para bien.
Pero, por otro lado, podría encontrarme tan deprimido que decido usar drogas para escapar del tedio, con el tiempo llega la adicción, y, ese habría sido un cambio para mal.
Todo depende del punto de vista.
No todos estan hechos para llevar una vida hedonista. El "fin supremo" no se encuentra ni en el placer. Hay ocasiones en las que despues de comer como un cerdo, me recargo en la silla y me sobo la panza, mientras machaco con mis dientes un palillo de madera, de pronto siento justo en la division del estomago y el esofago una intensa nausea que irremediablemente termina en un asqueroso vomito.
Pero no es un vomito fisico, pues nada visible sale por mi boca. Es un vomito "espiritual" por llamarlo de algún modo. Como si mi persona (aquella que se encuentra aletargada en el fondo de mi existencia, no la que se levanta por las mañanas todos los días) rechazara rotundamente la podredumbre de mi decadente estilo de vida.
Vanidad no deja de ser el vomitivo rechazo de mi persona, pues el fin del hombre fisico tiende a ser la muerte, y considerando esto como un hecho ejercer un comportamiento autodestructivo no sería, en escencia, alejarse mucho de la linea que nos mantiene vivos. Diré que, actuemos ya sea cuidando la vida o buscando perderla, no podremos controlar nada.
Pero no, no me estoy explicando.
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