viernes, 16 de octubre de 2009

La taberna va al infierno

Al abrir la puerta me golpearon los vapores del alcohol, tan fuertemente concentrados que casi me sentí embriagado.
Aunque creo que influyó mucho la escena para causarme la extraña sensación de mareo y alucinación.
Las sillas y las mesas estaban cubiertas de algo rojo. Algunos tarros quebrados en el suelo dejaron escapar la cerveza que se mezclaba con la mugre y manchas de sangre salpicada.
La barra estaba completamente pintada de rojo.
Algo en esa espantosa escena me llevaba a imaginar que hacía tan solo instantes lo terrible había sucedido. Pero ya no había nadie, ni un solo cadaver. No se escuchaba ruido alguno, salvo el de las gotas de cerveza y sangre cayendo al piso.
Dí un paso y ya me encontraba dentro. El rechinido de la puerta al cerrarse me hizo voltear pensando que alguien más se había metido. Busqué la mesa menos sucia y me senté.

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