Cada cinco segundos volteaba para asegurarse de que lo seguía arrastrando.
Los gritos y gruñidos habían dejado de escucharse desde hace rato, y eso le generaba la duda.
“Seguirá ahí” pensaba, para inmediatamente comprobarlo con la vista.
Se encontraba en un estado de excitación altísima. No era necesario voltear a ver la escena, pues el peso del bulto arrastrado daba jaloneos a la silla del caballo.
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