Visualizate como una ciudad grande y populosa, que necesita tener sus rutas de comunicación en excelente estado para poder funcionar correctamente. Carreteras, calles, puertos, aeropuertos, estaciones, televisión, radio, internet, etc.
De esta manera puedes comerciar eficientemente con otras ciudades, en la medida en que estas mismas tengan vigentes sus canales de comunicación.
Esto te permite, ciudad importante, sobrevivir, crecer, desarrollarte. Funcionar.
Ahora, como ser humano hay que hacer lo mismo. Mejorar los canales de comunicación con todas las personas con las que nos resulte posible. Con todas las que tengamos trato, nos agraden o no, nos caigan bien o no, nos gusten o nos cansen.
¿Y, qué conseguimos con esto?
Al comunicarnos eficientemente reduciremos las probabilidades de que existan confusiones, malas interpretaciones, malos entendidos.
Con las personas que nos gustan lograremos conectarnos mejor, movernos en la misma sintonía, y de esta manera explotar, o potencializar, el placer que nos provoca su próximidad.
En cuanto a las personas que nos desagradan, entenderán, de alguna manera, que no nos resulta placentera su compañia, pero tambien sabrán que somos inteligentes, que sabemos lo que queremos y que dentro de eso se ecuentra el querer llevar una relación cordial, y agradable hasta donde sea posible. Algo que muy pocos quisieran rechazar.
No vamos a mejorar nuestros canales de comunicación con las personas que nos desagaradan para obtener beneficios hipocritas (voy a llevarme bien con el jefe, aunque me asquea, para que no me moleste cuando haga algo que le desagrade). Al contrario, lo haremos para dejar de ser hipocritas. Y poder comunicarles, limpliamente (una vez fortalecidos los canales) nuestra verdadero opinión de las cosas.
Esto no significa que nos convertiremos en personas odiosas y sociables. No tiene que ver con eso. Tiene que ver con ser claros en lo que expresamos. La asertividad en pocas palabras.
Existen muchos canales de comunicación, las palabras, el lenguaje corporal, las ideas intensas que por su misma fuerza brotan de nuestro ser y moldean nuestra personalidad, etcetera.
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